Hemos llegado a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. “No preguntes por qué el tiempo pasado fue mejor que el presente” (Eclesiastés, 10,7).
Pero el matiz que Jorge Manrique en “coplas por la muerte de su padre” expone al principio de la frase diciendo, como a nuestro parecer, nos hace pararnos a pensar en que hay otra perspectiva desde dónde se pueden ver las cosas. Y exactamente es lo que ocurre hoy en día. Políticos, economistas, periodistas, dirigentes, banqueros y otras hierbas reflexionan bajo su parecer. Parecer que al parecer no parece que tenga muy buen parecido.
La historia, que no es otra cosa que el hoy mirado mañana, se refleja como un desarrollo de acontecimientos que a la vista de todos, se antoja problema económico y financiero, que solo podrá resolverse política y financieramente.
Pero evidentemente, la perspectiva está bastante distorsionada y miope. Si solo miramos los acontecimientos sin más no llegaremos al centro de la cuestión. Y la cuestión es que no solo debemos poner nuestros ojos en la historia, sino en el Señor de la historia. Esta es la madre de todos los problemas.
Una sociedad sin Dios es eso, un caminar sin rumbo, sin verdaderos valores, en desesperanza y desasosiego. Estamos dirigidos por políticos sin moral, exceptuemos las honrosas excepciones. Oímos de líderes perturbados, de doble moral, pervertidos sexuales, estafadores que sin ningún escrúpulo llevan a cabo sus fechorías sintiéndose superiores a las normas del bien y el mal, lo desenfocado que anda el mundo respecto a quién y qué mirar.
Jesús enfrento constantemente a la clase política y religiosa a sus propias miserias y les hizo ver que eran solo una “panda” de sepulcros blanqueados que solo cuidaban su fachada y estaban corrompidos en su interior.
Dios odia la religiosidad, las apariencias, la hipocresía y la usura. Tristemente vivimos en un tiempo donde todo esto está de moda.
Todos buscan soluciones a la desesperada y eso es muy peligroso, porque cuando estamos desesperados podemos tomar decisiones erróneas que pueden perjudicarnos más que ayudarnos a salir del problema. Exactamente lo que hoy en día nos está pasando.
Si queremos hacer al hombre libre debemos hacer al pecado esclavo y vivir en la libertad de que Cristo nos da. Pero en este mundo la mayoría pretenden caminar sin Dios por los caminos de la historia que solo son controlados por Él.

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